viernes, 28 de abril de 2017



                      sara robin, the trouble with spines...

                      spring polaweek day 5


                        Tina Sosna

                        cherry blossom girl


                                  sara robin

                                 spring polaweek day 4



         «Veo un aro suspendido sobre mí». «El aro vibra, colgado de un lazo de luz.»

        «Veo una lámina de pálido amarillo»,dijo Susan, «que crece y se aleja al encuentro de una raya púrpura.
       «Oigo el sonido», dijo Rhoda, «de gorjeo, de un gorjeo que se eleva y baja.»
       «Veo un globo», dijo Neville, «que cuelga en el aire, en vertical caída, contra las inmensas laderas de una colina que no sé.»
       «Veo una borla carmesí», dijo Jinny, «entreverada de hebras de oro.»
       «Oigo un patear», dijo Louis. «Hay un gran animal con una pata encadenada. Patea, patea, patea.»
       «Mira la telaraña, en el ángulo del balcón», dijo Bernard. «Tiene cuentas de agua, gotas blancas de luz.»
       «Las hojas se amontonan alrededor de la ventana, como orejas puntiagudas», dijo Susan.
       «Una sombra se proyecta en el sendero», dijo Louis, «como un codo en flexión.»
       «Islas de luz flotan sobre el césped', dijo Rhoda.
       «Caen a través de los árboles.»
       «Los ojos de los pájaros destellan en los túneles formados por las hojas», dijo Neville.
       «Vello corto y duro cubre los tallos», dijo Jinny, «y en ellos se han pegado gotas de agua.»
       «Una oruga está enroscada formando un aro verde», dijo Susan, «y sus pies parecen unas muescas redondeadas.»
       «El caracol de cáscara gris cruza arrastrándose el sendero, y deja las briznas aplastadas detrás», dijo Rhoda.
       «Y ardientes destellos nacidos en los cristales de las ventanas rebrillan y se apagan en el césped», dijo Louis.
       «Las piedras son frías, bajo mis pies», dijo Neville. «Las siento una a una, redondas o puntiagudas.»
       «Me arde el dorso de las manos», dijo Jinny, «pero el rocío me ha puesto las palmas pegajosas y húmedas.»
       «Ahora el gallo canta como un chorro de agua dura y roja en la blanca marea», dijo Bernard.
       «Los pájaros cantan alto y bajo, callan y cantan, a nuestro alrededor», dijo Susan.
       «El animal patea; patea el elefante con la pata encadenada; el gran bruto en la playa patea», dijo Louis.
       «Mira la casa», dijo Jinny, «con las persianas blancas en todas las ventanas.»
       «Agua fría comienza a manar del grifo del fregadero», dijo Rhoda, «sobre el cuenco con pescadilla.»
       «Rajas de oro rajan los muros», dijo Bernard, «y hay sombras de hojas, azules y en forma de dedos, bajo las ventanas.»
       «Y ahora la señora Constable se pone las gruesas medias negras», dijo Susan.
       «Cuando el humo se alza, el sueño enroscándose se aleja del tejado, como una niebla», dijo Louis.
       «Al principio, los pájaros cantaban a coro», dijo Rhoda. «Ahora la puerta de la cocina se abre. Se van volando. Se van volando como el puñado de semilla que lanza el sembrador. Pero hay uno, solo, que canta junto a la ventana del dormitorio.»
       «En el fondo del cuenco se forman burbujas», dijo Jinny. «Después suben, más y más aprisa, cómo una cadena de plata hasta la superficie.»
       «Ahora Biddy raspa las escamas de los pescados con un cuchillo mellado sobre una tabla», dijo Neville.
       «La ventana del comedor es azul oscuro ahora», dijo Bemard, «y el aire retiembla sobre las chime­neas.»
       «Una golondrina se posa en el cable de la electricidad», dijo Susan. «Y Biddy ha dejado brusca­mente el cubo en el suelo de losas de la cocina.»
       «Esta es la primera campanada de la campana de la iglesia», dijo Louis. «Será seguida por otras, uno dos, uno dos, uno dos.»
       «Mira cómo vuela el mantel sobre la mesa, blanco y a lo largo», dijo Rhoda. «Ahora hay discos de blanca porcelana, y rayas de plata junto a cada plato.»
       «De repente zumba una abeja en mi oreja», dijo Neville. «Está aquí, y ya ha pasado.»
       «Ardo, tiemblo», dijo Jinny, «al salir de este sol y entrar en esta sombra.»

 - Virginia Woolf, Las Olas

jueves, 27 de abril de 2017



"Y ahora, veremos una explicación que nos ayudará a comprender, incluso a gente sencilla como nosotros, el significado de la inmortalidad. Lo único que os pido es que caminéis conmigo por la inmensidad en la que la constancia, la quietud y la paz, reinan en un vacío infinito"

- János Valushka, Armonías de Werckmeister, Béla Tarr


               Béla Tarr, Armonías de Werckmeister (Werckmeister harmóníak, 2000)

"Si Valuska no lo hubiera despertado aquel día, habría tenido que pagar de forma bochornosa por lo que también pagaban la ciudad y el país: por el hecho de que toda idea reinante, toda obsesión y todo raciocinio juzgador que pretende ver el mundo según los cauces exigidos, arrasa a su alrededor la estructura viva de la vida, de la riqueza incalculable, de las circunstancias reales" 

"Hay construcciones en todas las ruinas, un deseo de destruir, implacable, terrible. No encontramos la causa de nuestro odio y desesperación, entonces nos abalanzamos sobre todo con furia salvaje"


(palabras de uno de los personajes de la película, un seguidor de "El príncipe" estrella invitada del circo que llega al pueblo de Valuska, y culpable de la violencia que sus seguidores van desatando en los pueblos por los que pasa)

- Béla Tarr,  Armonías de Werckmeister

"En mi país hay gente que tiene hambre y frío, que están al límite de sus fuerzas y que no poseen nada. Estas gentes se la tienen jurada a la tierra entera, a todos los que duermen caliente y comen cuando tienen hambre. Llega alguien que les habla de destruir el mundo. No importa si esta voz adopta la forma del fascismo, del comunismo o de cualquier otra cosa. Estas gentes entonces quieren pasar a la acción porque ya no tienen nada que perder. Su condición es lo más terrible  que existe. En la película retroceden después de saquear el hospital porque son humanos. No han nacido para ser criminales o asesinos"

- Béla Tarr, Entretien avec Béla Tarr, Gérard Grugeau, 24 images, Nº 111



"Hola, soy Leos Carax, director de películas en lengua extranjera. He estado haciendo películas en lengua extranjera toda mi vida. Las películas en lengua extranjera se realizan en todo el mundo, por supuesto, excepto en Estados Unidos. Sólo en Estados Unidos se hacen películas en lengua no extranjera. Las películas en lengua extranjera son muy difíciles de hacer, obviamente, porque hay que inventar un idioma extranjero en lugar de utilizar el lenguaje habitual. Pero la verdad es que el cine es una lengua extranjera, un lenguaje creado para aquellos que necesitan viajar al otro lado de la vida. Buenas noches"

- Leos Carax. Cuando la Asociación de Críticos de Los Ángeles,  otorgaron el galardón a "Holy Motors" como Mejor Película Extranjera del año, Leos Carax no quiso asistir a recoger el premio en persona....ni tampoco lo quiso aceptar. 


                La muerte de Maria Malibran, Werner Schroeter (1972)  



                 Chantal Akerman 

Akerman nació en Bélgica descendiente de supervivientes del Holocausto judío. A la edad de 15 después de ver de Jean-Luc Godard Pierrot le fou se inspiró para seguir una carrera como directora de cine.

En 1975 su película Jeanne Dielman, 23 Quai du Commerce, 1080 Bruxelles tuvo un gran éxito de crítica. Dielman fue inspirada en la vida de su madre. La película aunque abucheada por el público, fue aplaudida por la crítica en su lanzamiento y aclamada como una obra maestra de enfoque poco convencional, por el minimalismo en cada escena, su uso de tiros largos y cámara estática para imbuir tensión.  Jeanne Dielman se convirtió en un clásico de culto y es a menudo una de las algunas películas dirigidas por una mujer que aparece como "lo mejor de" en las listas de películas.

Aunque Jeanne Dielman en la obra de Akerman fue la más asociada con ella, continuó trabajando de manera constante en el cine y la televisión, tanto en largometrajes como documentales.

La última película de Akerman fue el documental No Home Movie que consistía en conversaciones entre Akerman y su madre filmado poco antes de la muerte de su madre en 2013. La película fue estrenada en 2015 en el festival de Locarno en la proyección del FICCI, y nuevamente, como en Jeanne Dielman, fue abucheado por el público, más de medio teatro fue abandonando la sala poco a poco.

Ese mismo año, en octubre de 2015, dos meses después del estreno en el festival en Suiza, Akerman se quitó la vida. Ella tenía 65 años.


                         Anselm Kiefer

                        Girasoles (Tournesols), 1996

                       Xilografía, goma-laca y acrílico sobre lienzo


Girasoles (Tournesols, 1996) pertenece a una serie de imágenes que Kiefer realizó yuxtaponiendo las formas fosilizadas de los oscuros girasoles con la imagen de un hombre desnudo. Aunque la figura guarda un gran parecido con el artista, se suele identificar a este hombre como Robert Fludd (1574–1637), un filósofo y ocultista inglés del siglo XVII que creía que cada planta del mundo tenía su estrella equivalente en el firmamento, y que había una conexión entre el mundo microcósmico de la tierra y el mundo macrocósmico del cielo. [Las ideas de Fludd también inspiraron el libro de Kiefer Para Robert Fludd (Für Robert Fludd, 1995–96). Esta imagen también sugiere una vinculación entre el individuo y el cosmos que lo rodea.


"La humanidad, que en los tiempos de Homero era un objeto de contemplación para los dioses olímpicos, ahora es un objeto de contemplación para sí misma. Su autoalienación ha alcanzado un grado tal que puede experimentar su propia destrucción como un placer estético de primer orden"

- Walter Benjamin, La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica

miércoles, 26 de abril de 2017



                 Sappho and Erinna in a Garden at Mytilene, Simeon Solomon, 1864

El cuadro representa a Safo abrazando a Erina en un jardín en Mitilene, en la isla de Lesbos.

Safo nació en Lesbos alrededor de 612 a.C. Después de un período de exilio en Siracusa, volvió a la isla y fue el centro de una comunidad de mujeres jóvenes dedicadas a Afrodita y las Musas. Allí sus discípulas aprendían a recitar poesía, componer música, a cantarla, a confeccionar coronas y colgantes de flores, etc. Aunque Salomón cree que Erina pudo haber sido parte de esta comunidad, parece ser que ella no vivía en Lesbos, sino en Telos, pequeña isla situada a 50 kilómetros al noroeste de Rodas.

Erina de Telos, según parece, es originaria de la isla dórica de Telos, a juzgar por la forma de su escritura. Erina emplea fundamentalmente, por lo que a su poema La rueca se refiere, el dialecto de Telos. Las pocas noticias que se tienen de ella han creado confusión: hay autores que la hacen coetánea y amiga de Safo (s. VI a.C.) y otros la sitúan,en el siglo IV a.C. Lo que sabemos es que Erina deseaba ser poeta, dedicarse a escribir, y obtener fama; y algo de esto consiguió: su poema en hexámetros La rueca fue muy leído y admirado. Años después de su muerte, el poeta Asclepíades de Samos (285 a. C.) editó su obra con este prólogo:

Éste es el trabajo dulcísimo de Erina. En verdad
poco extenso, como resulta propio de una muchacha
de diecinueve años; pero más impactante que muchos.
Si la muerte no le hubiera llegado tan temprano,
¡su nombre a gran altura se hubiese remontado!


Acontecimiento destacado en la vida de Erina fue su relación con Baucis, su íntima compañera desde la infancia, también de Telos y también muerta adolescente (poco después del matrimonio). Fueron amigas de la infancia y pubertad y se quisieron. Compartieron temores infantiles, juegos, y el trabajo en la rueca. Pero la muerte segó sus vidas; las separó, y las cubrió de olvido. De esta intensa amistad  habló Erina en La rueca, un largo y sentido poema, lamento por la amiga muerta, lleno de dolor y nostalgia.

El poeta Alcipíades de Samos refiere que  Erina de Telos murió poco después que su amiga, a la edad de diecinueve años.

Erina murió virgen, toda su vida fue una «ninfe», palabra que designa una fase intermedia entre el estado de hija y el de esposa, mujer que, en la antigua Grecia, centraba su sexualidad en la reproducción. Maternidad que tenía muchos riesgos. Podía ocasionar la muerte de la mujer. Erina murió soltera. En palabras del poeta Leónidas de Tarento, como una «virginal abeja». ¿ Por qué ? tal vez porque la poeta viera en el matrimonio una amenaza real y cruel, la causa de la separación y posterior muerte de su amada amiga Baucis, quien podría haber muerto de parto, o de fiebres puerpuerales, una de las causas más frecuentes de mortalidad femenina.


El Lexicón de Suda considera a Erina contemporánea de Safo (Eusebio la sitúa en el siglo IV a. C.), y Máximo de Tiro (siglo II d. C.), decía que lo que Alcibíades había sido para Sócrates, Erina lo había sido para Safo; “lo que significa que Safo la amaba” . “[Erina] encontró dificultades de parte de su madre para trasladarse a Mitilene, donde parece que vivió en casa de Safo. Allí escribió, entre otras obras, La rueca, tal vez a propósito de la cual Safo escribió los elogiosos versos: "No creo que nunca haya existido otra muchacha tan bien dotada para la poesía como aquella" "Sus versos [los de Erina] debieron estar inspirados en gran parte por su amor aberrante, ya que posteriormente fueron considerados perjudiciales para la moral pública, y la Iglesia los quemó junto con los de Safo" (fr. 53 Lobel-Page-Poetarum Lesbiorum Fragmenta)


                                 Simeon Solomon, Estudio de Safo,1862


Safo personifica, como escribe Susan Gubar, "todas las mujeres perdidas del genio de la historia literaria, en especial a todas las artistas lesbianas cuyo trabajo ha sido destruido, desinfectado, o heterosexualizado"

Para aquellas mujeres poetas que se identifican con Safo, la estatura de Safo en la historia literaria autoriza sus propios talentos poéticos y les proporciona un precursor de la que pueden acudir no sólo en busca de inspiración, sino también para la colaboración. Porque es en los fragmentos rotos de Safo que la mujer moderna poeta podría reinventar el verso de Safo y por lo tanto inscribir el deseo femenino lesbiano como parte de una historia de la literatura.


                         26 de Abril - Día de la Visibilidad Lésbica

Cada 26 de abril el colectivo LGTB suma fuerzas para reclamar el papel que les corresponde a las mujeres lesbianas en el espacio público.

Las organizaciones exigen el cumplimiento de sus derechos y la efectiva puesta en marcha de leyes que los garanticen.

viernes, 21 de abril de 2017



                         sara robin



                          Roberta Tocco

"¿Difícil, mi discurso? Hay quienes no conocen otra dimensión que la superficie y confundiendo las voces de fuera con la interior andan errantes, bicéfalos (díkranoi), según la expresión que utilizaba Parménides. No hablo para ellos. Ante quien se retira, el mundo de superficie abre a otro, mucho más intenso. Allí es donde moro, y hablo a quienes conocen el umbral"

- Chantal Maillard, La mujer de pie

"Se me escapa la vida y la contemplo con la misma extrañeza como cuando de niña veía escurrirse la arena entre mis dedos.

Morir no es más que otro gesto de superficie"

- Chantal Maillard, La mujer de pie


                         Ilina Vicktoria

"Tenemos que aprender a hablar el idioma que hablan las mujeres cuando no hay nadie allí para corregir"

- Hélène Cixous

jueves, 20 de abril de 2017


                                               
                                                        El muchacho hongo







                                                     El muchacho langosta



              
                                                    Duende sentado






                                                         Revelación




                                              
                                                    Puesto de observación




                                       
                                              Los insectos voladores




             
                                                    Cráneo flotando






                                              Secretos del escarabajo





                                                          
                                                                Chico zorro





                                                 Espacio para pájaros




                                       Falcón de rescate


               Katrin Berge



Katrin Berge es una ilustradora y artista noruega que vive en Bergen. Ella trabaja con grafito para crear dibujos con un alto nivel de detalle. Sus ilustraciones mezclan situaciones surrealistas con elementos oníricos creando hermosas escenas a través del lápiz y el papel.

Le gusta trabajar con dibujos que mezclan la naturaleza, los animales, la biología.

También se inspira en cuentos de hadas, mitos y leyendas, y viejas fotografías e ilustraciones, y su trabajo siempre trae temas en torno a la infancia.

Sus imágenes están llenas de sensibilidad y atmósferas melancólicas en las que figuras infantiles ramifican con carácter familiar.

Domina lo profundamente sensorial en su mundo de fantasía imaginativa. Ventanas al alma. Los bosques y prados animales iluminan sentimientos inexpresados y  pueden romper el manto oculto de la infancia.

"Desde que era una niña siempre he estado interesada en la naturaleza, los animales, la ciencia y la superstición, al mismo tiempo, los sueños y las emociones. Lo que dibujo se inspira a menudo y mezclado por estas cosas, y son el resultado tanto de una idea y la intuición..."

"También colecciono postales antiguas, fotografías e ilustraciones que encuentro en las tiendas de antigüedades"

"Naturaleza, las plantas, los animales y los niños a menudo aparecen en mis dibujos"

viernes, 14 de abril de 2017

Inger Christensen - Escribo como el corazón que late por escrito





a veces ocurre
       cuando se ha derretido la nieve
             que todo lo que ella ocultaba
                         sale a la luz de forma que el
                                             [alma es visible


- Inger Christensen, de "Alfabeto"

Inger Christensen, "Alfabeto"...y cómo 'existe' la poesía bajo la penumbra aérea de la guerra




1
los albaricoqueros existen, los albaricoqueros existen

2
los helechos existen; y zarzamoras, zarzamoras
y bromo existen; y el hidrógeno, el hidrógeno

3
las cigarras existen; chicoria, cromo
y limoneros existen; las cigarras existen;
cigarras, cedros, cipreses, cerebelo

4
las palomas existen; los soñadores, las muñecas
los asesinos existen; las palomas, las palomas;
niebla, dioxina y días; los días
existen; los días la muerte; y los poemas
existen; los poemas, los días, la muerte

5
el otoño existe; el regusto y la reflexión
existen; y el lugar retirado existe; los ángeles,
las viudas y el alce existen; las particularidades
existen, el recuerdo, la luz del recuerdo;
y el resplandor crepuscular existe, el roble y el olmo
existen, y el enebro, la semejanza, la soledad
existen; y el éider y la araña existen,
y el vinagre existe, y la posteridad, la posteridad

6
la garza real existe, con su abovedada espalda
gris azulada existe, con su negro copete
y sus claras plumas caudales existe; en colonias
existe; en el llamado Viejo Mundo;
también los peces existen; y el águila pescadora, la
perdiz nival
el halcón; la poa común y los colores de las ovejas;
los productos de la fisión existen y la higuera existe;
los errores existen, los gruesos, los sistemáticos,
los fortuitos; el control remoto existe y los pájaros;
y los árboles frutales existen y las frutas en el huerto donde
los albaricoqueros existen, los albaricoqueros existen
en países donde el calor producirá precisamente
el color de la carne que tienen los albaricoques

7
las fronteras existen, las calles, el olvido
y hierba y pepinos y cabras y retama,
el entusiasmo existe, las fronteras existen;
las ramas existen, el viento que las levanta
existe y el dibujo único de las ramas
justo del árbol que se llama roble existe,
justo del árbol que se llama fresno, abedul,
el cedro existe y el dibujo repetido
existe, en la gravilla del sendero del jardín; existe
también el llanto, y el epilobio y la artemisa existen,
los rehenes, el ánsar común, las crías del ánsar.

Y los fusiles existen, un misterioso jardín trasero,
Asilvestrado, yermo y adornado sólo con grosellas,
Los fusiles existen: en mitad del iluminado
Gueto químico existen los fusiles,
Con su anticuada, pacífica precisión existen

Los fusiles, y las plañideras existen, saciadas
Como lechuzas voraces, el lugar del crimen existe;
El lugar del crimen, somnoliento, normal y abstracto,
Bañado en una luz encalada, abandonada,
Este poema venenoso, blanco, que está desintegrándose

8
Los susurros existen, los susurros existen,
El otoño, la historia existen y el cometa

Halley; los ejércitos, las hordas
Los generales, las cuevas, y dentro de las cuevas
La penumbra, dentro de la penumbra a veces

Las liebres, a veces el follaje delante de las cuevas donde
Los helechos existen; y zarzamoras, zarzamoras,
A veces las liebres escondidas bajo el follaje

Y los jardines existen, el arte de la jardinería, las pálidas
Flores del saúco inmóviles como un himno
Efervescente; y la media luna existe, la media seda;
Toda la niebla heliocéntrica que ha soñado
Estos cerebros entregados, su suerte; y la piel,
La piel y las casas existen, y el Hades que
Realoja al caballo y al perro y las sombras
De la gloria, la esperanza; y el río de la venganza, granizo
Bajo el cielo de piedra, existe, las nieblas del sueño de la
Hortensia, blancas, luminosamente luminosas
Azules o verdosas, a veces rojos pálido, algunas
Lascas estériles existen; y bajo la inclinación
De la bóveda celeste Armagedón, el veneno,
La susurrante arpa del helicóptero del veneno sobre zurrón,
Vísceras de gallina y lino; zurrón de pastor, vísceras de gallina
Y lino, esta última escritura hermética,
Que por lo demás sólo la escriben los niños; y el trigo,
El trigo en los trigales existe, la vertiginosa
Ciencia horizontal del trigal, el período de semidesintegración
Hambrunas y miel; y en lo más profundo del corazón
Como siempre sólo en lo más profundo del corazón
Las raíces del avellano, el avellano plantado
En la montaña del corazón, robusto y sobrio,
Un día laborable acumulado de las jerarquías angélicas;
Rápida, jacíntica en su descomposición la vida,
Así en la tierra como en el cielo

- Inger Christensen, de "Alfabeto" (traducción Francisco J. Uriz)

martes, 4 de abril de 2017

De una castástrofe a otra




     De una castástrofe a otra
     Entrevista que Asta Scheib hace a Thomas Bernhard
     Viena, 1986

Si uno trata de acercarse a Thomas Bernhard a través de material de archivo, puedes entrar en una situación complicada. En lugar del único escritor al que se ha tratado como lector, uno tiene un gran número de diferentes Thomas Bernhards en su equipaje a Viena: el "gran solitario obstinado", el "trágico humorista", el "humorista macabro", el "rebelde sufriente "(Reich-Ranicki), el " misántropo"(Ulrich Weinzierl), el " virtuoso de la desesperación y el mal humor" (Eberhard Falcke), el "comediante enamorado de la melancolía" (Franz Josef Görtz), el "molino misantrópico de la palabra" (Sigrid Löffler).

La lectura de las críticas de sus muchos volúmenes de prosa y obras representadas es con frecuencia como ir de algo dulce y amargo (...) Uno quiere saber de él: ¿Quién es Thomas Bernhard?
 
- Asta Scheib:  ¿Quién es Thomas Bernhard?

- Thomas Bernhard: Uno nunca sabe quién es. Son los demás los que le dicen a uno quién y qué es ¿no? Y como esto uno lo oye millones de veces en su vida, por poco que ésta sea larga, acaba por no saber en absoluto quién es. Todos dicen algo distinto. Incluso uno mismo está siempre cambiando de parecer.

- ¿Hay seres de los que usted dependa, que tengan una influencia decisiva en su vida?


- Uno siempre es dependiente de las personas. No hay nadie que no dependa de algún ser. El hombre que estuviera siempre a solas consigo mismo acabaría hundiéndose al cabo de muy poco tiempo, se moriría. Yo soy de la creencia que para cada uno de nosotros existen seres decisivos. Yo he conocido a dos en mi vida; mi abuelo paterno y una persona a la que conocí un año antes de la muerte de mi madre. Fue una relación que duró más de treinta y cinco años. Todo lo que a mí se refería provenía de esta persona, de ella lo he aprendido todo. Y con su muerte también desapareció todo. Entonces uno se encuentra solo. Al principio a uno le gustaría morirse también; después se pone a buscar. A todas las personas que todavía se tienen, a las que se ha dejado olvidadas en el transcurso de la vida. Entonces se encuentra uno muy solo. Hay que aprender a vivir con ello. Cuando me encontraba solo, fuese donde fuese, siempre he sabido que esta persona me protegía, me mantenía, y también que me dominaba. Después, todo desapareció. Uno está en el cementerio. Están cerrando la tumba. Todo lo que tuvo algún significado se ha ido. Entonces se despierta cada día por la mañana con una pesadilla. No se trata forzosamente de que se quiera seguir viviendo. Pero uno tampoco quiere pegarse un tiro, o colgarse. A uno eso le parece feo, y desagradable. Entonces sólo quedan los libros. Se precipitan sobre uno con todos los horrores que en ellos se pueden escribir. Pero de puertas afuera se sigue viviendo como si nada, para evitar que el entorno, que siempre está al acecho de nuestras debilidades, nos devore. Por poco que uno las deje aflorar, abusará de nosotros y nos sumergirá en un mar de hipocresía. Entonces la hipocresía se llama compasión. Es la definición más bella de la hipocresía.
Tal como he dicho antes, es difícil, tras treinta y cinco años de convivencia con una persona, encontrarse de repente solo. Esto sólo lo entienden las personas que han vivido una experiencia parecida. Uno se vuelve de repente cien veces más desconfiado que antes. Uno se vuelve más frío de lo que antes ya se le catalogaba. Aún más reservado. Lo único que le salva a uno es que no hay que morirse de hambre.
En realidad, lo que se dice agradable, esta vida no lo es. Sin contar con la propia decrepitud. Un derrumbe total. Uno sólo se mete en casas con ascensor. Ingiere un cuarto de litro de vino para comer, otro cuarto para cenar. Más o menos se hace soportable. Pero cuando para comer se bebe ya medio litro, entonces, se pasa muy mala noche. La vida se reduce a este tipo de problemas. Tomar pastillas, no tomarlas, cuándo tomarlas, para qué tomarlas. Uno va enloqueciendo de mes en mes, porque las cosas se van embrollando.

- ¿Cuándo tuvo usted alguna alegría por última vez?


- Uno se alegra cada día de seguir viviendo y de no estar todavía muerto. Esto constituye un capital inapreciable.
Aprendí, del ser que se me ha ido, que uno se agarra a la vida hasta el final. En el fondo, todos estamos contentos de vivir. La vida no puede ser tan mala hasta el punto de no aferrarse a ella. La curiosidad es el estímulo. Uno desea saber: ¿qué más falta aún? Es más interesante saber lo que ocurrirá mañana, que lo que está pasando hoy. Cuanto mayor se hace uno, más interesante se vuelve la vida. Tras la destrucción del cuerpo, la mente se desarrolla sorprendentemente bien.
Lo que más me gustaría es saberlo todo. Siempre trato de robar a la gente, de sacarle todo lo que lleva dentro. En la medida en que esto se puede practicar a escondidas. Cuando la gente se da cuenta de que la estás robando, entonces se cierra. Como cuando se ve a un sospechoso acercarse a la casa, se atranca la puerta. Aunque también se puede forzar la puerta, cuando no queda más remedio. Todo el mundo puede dejarse una ventana abierta en el desván. Esto puede ser muy estimulante.

- ¿Ha deseado usted alguna vez fundar una familia?


- Sencillamente me he limitado a sentirme feliz de sobrevivir. Fundar una familia, ni se me podía pasar por la cabeza. No tenía salud, y por lo tanto, tampoco ganas de pensar en estas cosas. No me quedó más alternativa que refugiarme en mi capacidad de raciocinio, y tratar de sacarle algún provecho ya que mi cuerpo estaba agotado. Estaba vacío. Y así ha seguido, durante años y años. ¿Es eso bueno, o malo? ¿Quién lo sabe? Pero es una forma de vivir. La vida puede asumir infinitas formas.
Mi madre murió a los cuarenta y seis años. Fue en 1950. Conocí a mi compañera un año antes. Al principio sólo fue una amistad y una relación muy fuerte con una persona mucho mayor que yo. En cualquier lugar del mundo donde me encontrase, ella era el punto central del cual yo lo extraía todo. Yo siempre sabía que esta persona era totalmente mía en los momentos difíciles. No tenía más que pensar en ella, sin siquiera buscarla, y todo se arreglaba. Incluso ahora, sigo viviendo con esta persona. Cuando estoy preocupado pregunto: ¿Qué harías tú? Así he conseguido apartarme de algunas atrocidades integrales, que no se pueden excluir con la edad, ya que todo está dentro de uno. Para mí, ella fue el elemento de moderación y de disciplina. Y por otra parte también el elemento de apertura al mundo.

- En algún momento de su vida ¿se ha sentido usted satisfecho?


- Nunca me he sentido satisfecho de mi vida. Siempre me he sentido muy necesitado de protección. Con mi amiga encontré protección, y siempre me impulsó a trabajar. Ella se sentía feliz de verme hacer algo. Por eso fue maravilloso. Viajábamos. Yo le llevaba sus pesadas maletas, pero aprendí muchas cosas, por poco que se pueda decir esto refiriéndose a uno mismo, pues de todas maneras siempre es poco, o casi nada. Pero para mí lo fue todo.
Cuando yo tenía diecinueve años, en Sicilia, me enseñó donde vivía Pirandello, pero sin la pedantería empalagoso de la persona muy culta. Como de pasada. Fuimos a Roma, a Split, pero lo importante entonces eran sobre todo los viajes interiores que hicimos. Vivíamos en un sitio perdido en el campo, con mucha sencillez. Por las noches la nieve caía encima de nuestra cama. Sentíamos esta predilección por la sencillez. Las vacas pastaban junto al dormitorio, tocando a donde vivíamos, donde tomábamos la sopa rodeados de libros.

- ¿Usted está conforme con su vida de escritor?


- Bueno, uno siempre anhela mejorar escribiendo, sino sería para volverse loco. Es un fenómeno que aparece con la edad. Las composiciones deberían irse volviendo más rigurosas. Yo siempre he tratado de mejorar progresando. Partir del último paso para dar el siguiente. Evidentemente, los temas son siempre los mismos, claro está. Cada uno sólo tiene su propio tema, y se mueve dentro de él. Y entonces se hacen las cosas bien. Siempre se tienen muchas ideas: hacerse monje, ferroviario, o leñador, quizá. Pertenecer a la gente muy sencilla. Lo que evidentemente es un error, porque uno no pertenece a ella. Cuando uno es como yo, no puede convertirse en monje o en ferroviario, claro está. Siempre he sido un solitario. A pesar de este fuertísimo lazo siempre he estado solo. Al principio, claro, aún creía que tenía que ir a los sitios y participar. Pero por lo menos desde hace un cuarto de siglo apenas me relaciono con otros escritores.

- Uno de sus temas principales es la música. ¿Qué significa para usted?


- Estudié música cuando era joven. Me ha perseguido desde la infancia. Aunque siempre me ha gustado, la música ha sido como una caza y un acoso para mí. Sólo estudiaba para poder estar con gente de mi edad. Probablemente esta necesidad era la consecuencia de mi relación con esta persona mucho mayor que yo. He jugado, cantado, hecho teatro con mis colegas del Mozarteum. Después la música se volvió imposible debido a motivos puramente físicos. Sólo se puede hacer música cuando se está permanentemente con más gente. Como precisamente era esto lo que yo no quería, el problema se resolvió por sí solo.

- Sus ataques, principalmente contra el Estado y contra la Iglesia, son a menudo muy fuertes. En Extinción (Auslóschung) describe usted el catolicismo como «lo que destruye el alma del niño, lo que le asusta, lo que anega su carácter». Para usted, su país, Austria se ha convertido en «un negocio sin escrúpulos donde sólo se comercia con todo y donde todos estafan a todos por todo». ¿ Escribe usted desde una posición de odio universal?


- Yo amo a Austria. Esto no se puede negar. Pero la estructura del Estado y de la Iglesia es tan horrible que sólo se puede odiarla.
Soy de la opinión que todos los países y todas las religiones, a la que se los conoce de cerca, son igual de horribles. Con el tiempo se descubre que la estructura es en todas partes la misma, tanto en las dictaduras como en las democracias; en el fondo, para el individuo son igual de horribles. Por lo menos vistas de cerca. Pero más vale no dejarse llevar y no proclamar este tipo de cosas, para que no me echen los perros.

- ¿Para usted no es importante el reconocimiento, como escritor y como ser humano en su propia patria?

 
- El ser humano, desde el principio, está sediento de amor por naturaleza. Sediento del cariño, del don que el mundo tiene por ofrecer. Cuando a uno le privan de esto, por mucho que repita mil veces que es un ser frío, que nada ve ni nada oye, le golpea con toda dureza. Pero esto es así, es inevitable. Cuando se dan voces en el bosque, el eco las devuelve. Cuando se conoce el bosque, también se conoce el eco. En el fondo, también se está enamorado del odio y del desdén.

-¿Es quizá por esta razón que de entrada, en sus libros, empieza usted por hacer tabla rasa? Da la impresión de un ajuste de cuentas algo brutal con determinadas personas. ¿Recibe usted las reacciones consecuentes ?


- Sí. A veces se vuelve casi insoportable. Ayer, cuando estaba en la ciudad, una mujer se me echó literalmente encima. Se puso a gritar: «Si sigue usted por este camino reventará». Se está indefenso ante este tipo de cosas. O, por ejemplo, está uno tranquilamente sentado en un banco en el parque, y recibe de repente un golpe por la espalda. Aún no has tenido tiempo de reaccionar y apenas alcanzas a oír cómo alguien grita: «Muy bien, siga por este camino. » Uno mismo provoca estos incidentes. Lo que pasa, es que no se contaba con ello. Apenas puedo seguir viviendo en Ohlsdorf, mi lugar de residencia. Los atropellos por todas partes se me hacen insoportables. Por lo demás, las alabanzas son tan siniestras, falsas, hipócritas y egoistas como los insultos. Se da el caso, que la gente, si no abro en seguida la puerta, se enfada y me rompe los cristales. Primero llaman, después pican, después gritan, y acaban rompiéndome las ventanas. Después se oye el rugido de un motor que se aleja. Porque fui lo suficientemente estúpido, hace veintidós años, de dar mi dirección, ahora ya no puedo seguir viviendo en Ohlsdorf. La gente se sube al muro que rodea mi casa. Cuando por la mañana bajo hasta el portal, ya hay gente encaramada. Dicen que quiere hablar conmigo. O, los fines de semana, la gente va a ver al escritor, como antes iban al parque a ver los monos. Esto es más divertido. Se acercan hasta Ohlsdorf y asedian mi casa. Yo los observo escondido detrás de las cortinas como un preso o como un loco. Insoportable. Desde hace doce años ya no doy más, conferencias. Ya no me siento capaz de sentarme y ponerme a leer mis cosas. Tampoco soporto a la gente que aplaude. El aplauso es la recompensa del actor. Vive de ello. Yo, por mi parte, prefiero las transferencias de mi editorial. Pero las marchas, los desfiles y la gente que aplaude en los teatros o en los conciertos me son insoportables. Las calamidades siempre las provoca la masa enfervorizada que aplaude. Todos los horrores provienen de los aplausos.

- Usted ha dicho, en Extinción que uno debería dejarse erigir en viejo bufón a los cuarenta. ¿Por qué?

 
- Este método es el único que permite soportarlo todo. Usted me ha preguntado por la imagen que tengo de mí. Sólo puedo decir lo siguiente: la del bufón. Entonces funciona. La imagen del bufón, del viejo bufón. Un bufón joven carece de interés, ni siquiera se le reconoce como bufón.

- ¿Fue para usted la escritura, sobre todo en sus libros primerizos como El Aliento o El Frío , también un medio de superar su enfermedad?


- Mi abuelo era escritor. Hasta después de su muerte no me atreví a ponerme a escribir. Cuando yo tenía dieciocho años, se descubrió en el pueblo donde había nacido mi abuelo una placa en recuerdo suyo. Después de la ceremonia todos fueron al albergue de mi tía. Yo también estaba allí, y mi tía, dirigiéndose a unos periodistas que cubrían la información, dijo: «Allí está el nieto, que nunca será nada, aunque a lo mejor también sabe escribir». Entonces uno dijo: «Mándemelo el lunes». Así recibí el encargo de escribir sobre un campo de refugiados. Al día siguiente mi reportaje ya figuraba en el diario. No he vuelto a sentirme tan entusiasmado en mi vida. Es una sensación maravillosa: escribir algo que se imprime durante la noche, aunque sea mutilado y recortado. Pero en fin, ahí estaba. De Thomas Bernhard. ¡Sangre había sudado para escribirlo! Durante dos años escribí la crónica judicial, que me volvió a la memoria cuando me puse a escribir prosa. Un tesoro inestimable. Creo que de ahí surgen mis raíces.

- ¿Qué siente ahora, cuando críticos como Reich-Ranicki o Benjamín Henrichs escriben sobre usted con admiración? ¿También se siente entusiasmado?


- Con las críticas no me he vuelto a entusiasmar más. Al principio, sí, porque me las creía; pero cuando se llevan treinta años viendo estos cambios de valoración, estas devoluciones de favores con intereses, uno acaba descubriendo los mecanismos. Uno manda a su criado y le dice: «Ahora quiero que me hagas una crítica negativa». Así funciona.

-¿Le molestan las críticas feroces?


- Sí, hoy en día todavía sigo cayendo en todas las trampas. Los periódicos siempre me han fascinado, desde mi juventud hasta hoy. Apenas puedo soportar un día sin periódicos. Al cabo del tiempo se acaba conociendo a la gente en las redacciones. A lo mejor no los he visto en mi vida, pero sé cuáles son los entresijos de un teatro, el trasfondo de una redacción, conozco a los editores, a los lectores, los negocios. El espíritu siempre se pierde por el camino, el sabor también se queda en el camino, y la poesía. Por encima pasan los ejércitos de redactores y críticos. Pasan por encima de los cadáveres de todos los que hacen algo creativo. Volvemos a topar con algo fascinante: me hiere, pero ya no me molesta en mi trabajo.

-En una conferencia usted dijo: «Nada tenemos que decir, excepto que somos miserables». ¿Escribe usted para dejar constancia de sus derrotas?


- No. Todo lo que hago, lo hago sólo para mí. Todo el mundo lo hace todo sólo para sí, tanto el funámbulo, como el panadero, o el revisor de tren, o el acróbata del aire. Con la salvedad de que en las acrobacias aéreas, durante el espectáculo, el público mira al cielo, y, mientras el aeroplano está volando la gente ya espera que se estrelle. Con los escritores pasa lo mismo, con una diferencia importante: mientras el aviador sólo se estrella una vez, en cuyo caso suele matarse o quedar muy mal parado, el escritor también suele salir muerto o mal parado-, pero siempre resucita. Siempre vuelve a dar el espectáculo. Y cuando más viejo se hace, más alto vuelta, hasta que un día se le pierde de vista. Entonces la gente se pregunta: ¡Qué raro! ¿Cómo es que no se ha vuelto a estrellar?
Yo gozo escribiendo, lo que no es nada nuevo. Escribir es el único lazo que todavía me ata. Claro que la cuerda está algo deshilachada. Pero en fin, así es. Nadie es eterno. Pero mientras dure mi vida, viviré escribiendo. La escritura es mi existencia. Hay meses, o años, en los que no puedo escribir. Es horrible. Pero en algún momento siempre vuelve, y entonces algo se fragua. Este ritmo es terrorífico y extraordinario a la vez: es algo que los demás probablemente no conocen.

- En sus libros, salvo contadas excepciones, no da usted una imagen muy favorable de la mujer. ¿Es un fiel reflejo de su experiencia personal?

 
-
Sólo puede decir que, desde hace un cuarto de siglo, me relaciono exclusivamente con mujeres. No soporto a los hombres, ni las conversaciones de hombres. Me vuelven loco. Los hombres siempre hablan de lo mismo: de su profesión o de mujeres. Es imposible escuchar algo original en boca de los hombres. Las reuniones de hombres me son insoportables. Prefiero la conversación de las mujeres. Para mí, las únicas relaciones provechosas han sido con mujeres. Después de mi abuelo, lo he aprendido todo con las mujeres. No creo haber aprendido nada de los hombres. Los hombres siempre me han puesto de mal humor. Curioso. Después de mi abuelo, se acabó, ni un hombre más. Siempre he buscado protección y salvación entre las mujeres, que también se han mostrado superiores a mí en muchas cosas...Yo puedo trabajar rodeado de mujeres. En cambio, sería totalmente incapaz de producir nada en un entorno de hombres.

- Tras la muerte de la compañera de su vida, ¿existe alguien de quien usted no puede prescindir?


- No, podría rodearme de cientos de personas, bailar en mil bodas, pero no imagino nada peor. Hace poco soñé que el ser que perdí, volvía. Yo le dije: «el tiempo que no has estado aquí ha sido el más horrible». Como si sólo hubiese sido un intermedio y los muertos ahora siguieran viviendo conmigo. Fue algo tan fuerte, irrepetible. Ya no es posible. Ahora me sitúo en el punto de vista del espectador, en un ángulo muy cerrado desde donde observo el mundo. Punto.

- ¿Cree usted en la posibilidad de otra forma de existencia tras la muerte?


- No. Gracias a Dios no. La vida es maravillosa, pero lo más maravilloso es pensar que tiene fin. Este es el mejor consuelo que me guardo en la manga. Pero tengo muchas ganas de vivir. Siempre las he tenido, salvo en los momentos en que he acariciado la idea del suicidio. Me ocurrió a los diecinueve años, otra vez a los veintiséis con muchas fuerza, y otra más a los cuarenta. Ahora, sin embargo, tengo ganas de vivir. Cuando se ha visto a alguien que se está muriendo, agarrarse con todas sus fuerzas a la vida, se comprende esto.
Lo más extraordinario que me ha ocurrido en mi vida es sostener la mano de este ser en mi mano, notar su pulso, notar que late más despacio, notar otro latido más lento aún, y se acabó. Es tan increíble. Cuando todavía retienes su mano entre las tuyas, entra el enfermero con la etiqueta numerada para el cadáver. La enfermera le vuelve a echar, diciendo: «Vuelva un poco más tarde». En seguida te vuelves a enfrentar a la vida. Uno se levanta sin hacer ruido, recoge las cosas; entre tanto vuelve ya el enfermero y pone la etiqueta numerada en el dedo gordo del pie del cadáver. Acabas de vaciar el cajoncito de la mesita de noche, y la enfermera dice: «También tiene que llevarse el yogurt». Fuera croan los cuervos. Como en una obra de teatro.
Entonces aparece la mala conciencia. Los muertos le dejan a uno con un inmenso sentimiento de culpa.
Me siento incapaz de volver a los sitios donde estuve con ella, donde escribí mis libros. Yo he escrito todos mis libros en lugares diferentes: en Viena, en Bruselas, en cualquier lugar de Yugoslavia, en Polonia. En sentido estricto, tampoco he tenido nunca mesa de escribir. Si se me daba escribir, me daba lo mismo donde lo hacía. Incluso he escrito sumido en el máximo ruido. Nada me molestaba. Ni el ruido de una grúa, ni los gritos de la multitud, ni los chirridos de un tranvía, ni una lavandería o un matadero debajo de mi piso. Siempre me ha gustado trabajar en países donde no entiendo el idioma. Es un estímulo increíble.
Sentirme perfectamente en mi casa en medio de la extrañeza más absoluta. Para mí lo ideal era alojarnos en un hotel; y mientras mi amiga paseaba durante horas, yo podía trabajar. A menudo, sólo nos veíamos durante las comidas. Verme dispuesto a trabajar la llenaba de felicidad. Nos quedábamos con frecuencia cinco meses, o más, en un país. Eran los momentos culminantes. Muchas veces, cuando se escribe, se tiene una sensación maravillosamente bella. Si además se puede compartir con alguien que sabe apreciarla, es perfecto. Nunca he tenido mejor crítico que ella. Nada que ver con las tonterías de la crítica oficial que no profundiza. Esta mujer sacaba siempre una crítica fuerte, positiva, que me era útil. Ella me conocía a fondo. Con todos mis errores. Lo echo de menos. Me sigue gustando estar en nuestra vivienda de Viena. Allí me encuentro protegido, probablemente porque vivimos allí muchos años juntos. Es el único nido que queda de toda nuestra vida en común. El cementerio tampoco está lejos.
Es una gran ventaja haber vivido esto una vez en la vida. Las cosas después ya no te afectan. Dejas de interesarse por el éxito o por el fracaso, por el teatro o por los directores, por los redactores o por los críticos. En realidad a uno ya no le importa nada. Lo único, es tener todavía dinero en el banco para poder seguir viviendo. Por lo demás mi ambición ya no era lo que había sido, pero con su muerte también se acabó. Nada te conmueve. Sigues disfrutando con los filósofos antiguos, con algunos aforismos. Es parecido a refugiarse en la música: durante unas pocas horas se puede llegar a tener un excelente humor. Todavía tengo algunos planes: antes tenía cuatro o cinco, ahora sólo me quedan dos o tres. Pero no son imprescindibles. Ni yo, ni el mundo los estamos reclamando. Si tengo ganas todavía haré algo, si no las tengo, o me faltan las fuerzas, pues se acabó. Qué más da lo que yo escriba; en resumidas cuentas siempre son catástrofes. Esto es lo deprimente del destino del escritor: nunca consigues trasladar al folio lo que has pensado o imaginado; la mayoría se pierde durante el traslado. Lo que llegas a plasmar no es más que un pálido y ridículo reflejo de lo que habías imaginado. Esto es lo que más deprime a un autor como yo. En el fondo no puedes comunicarte. Todavía no lo ha conseguido nadie. En alemán mucho menos; es una lengua envarada y torpe, en el fondo horrible. Es una lengua espantosa que mata todo lo que es ligero y maravilloso. Lo único que se puede hacer, es sublimarla con el ritmo, confiriéndole musicalidad. Lo que escribo nunca corresponde a lo que he imaginado. Los libros deprimen menos, porque uno se imagina que el lector pone más fantasía y a lo mejor consigue que el texto cobre vida. En cambio en el escenario, en el teatro, lo único que se levanta es el telón. Sólo quedan los actores que, durante meses y meses, han sufrido hasta la noche del estreno. Ellos deberían representar a los personajes que uno ha imaginado. Pero no lo consiguen. Estos personajes que en mi mente todo lo podían, de repente se componen de carne, huesos y agua. Son torpes. Yo había concebido la obra como algo grandioso, poético; pero los actores no son más que unos intérpretes profesionales, unos traductores. Una traducción poco tiene que ver con el original. Por la misma regla de tres, la representación de una obra en el escenario, poco tiene que ver con lo que pasó por la cabeza del autor. Las tablas, que, dicen, son una representación del mundo, para mí, sólo han sido eso, tablas; unas tablas que me lo han detrozado todo. El teatro todo lo pisotea. Siempre es una catástrofe.

- Sin embargo usted sigue escribiendo, tanto libros como obras dramáticas. ¿De catástrofe en catástrofe?

-
Sí.